Quebec...  Forjando un país




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Quebec...   Forjando  un país

 Estimados amigos :

La marcha de Quebec hacia su soberanía de Estado se hace cada día más real, tal como lo han demostrado los resultados del referéndum del 30 de octubre de 1995, en el cual cerca de la mitad de la población quebequense se manifestó en favor de la soberanía. Un gran número de quebequenses ven esta vía como la única llevadera a una solución que les permita el manejo de sus propios asuntos.

Sociedad ya pluralista, de diversidad y tolerancia, Quebec conservará estas calidades después de su ascensión a la soberanía. Fundado sobre el respeto y la democracia, el proyecto soberanista refleja esta realidad y junto con una nueva apertura al mundo , propone a Canadá una alianza económica y monetaria, buscando al mismo tiempo, por último, poner fin al embrollo constitucional que desde hace treinta años paraliza el avance de los dos pueblos fundadores.

Quebec anhela poseer todos los poderes e instrumentos necesarios para asegurar su pleno desarrollo económico, social y cultural. A semejanza de tantos otros pueblos que nos precedieron en este camino, el deseo de labrar nuestro porvenir se realizará con la ascensión a nuestro país : Quebec.

Las diputadas y los diputados del Bloc Québécois desean presentarles su proyecto y sus motivaciones. El presente documento constituye un primer paso en este camino. Encontrará usted informaciones que esperamos le ayudarán a comprender mejor la voluntad de un porcentaje substancial de la población quebequense a forjarse un país...

Gilles Duceppe
Jefe del Bloc Québécois

 


Índice

 

Introducción : El tema de Quebec

1. El Quebec de hoy

1.1 Su población
1.2 Sus características políticas, sociales y culturales
1.3 Su economía y su comercio internacional

2. Reseña histórica

3. Las aspiraciones legítimas de Quebec a la plena soberanía

4. El proceso democrático : los quebequenses, dueños de su destino

5. La legitimidad de la vía referendaria

6. El Quebec soberano

6.1 Definición
6.2 El respeto de derechos y libertades
6.3 El respeto de los derechos de las naciones indígenas
6.4 El respeto de los derechos de los angloparlantes
6.5 Una alianza económica y una unión monetaria
6.6 La política extranjera

Conclusión : Quebec... forjando un país

Apéndice : Quebec en el mundo

 


Introducción

el tema de Quebec

El "tema de Quebec", o sea el lugar de Quebec en la federación canadiense, surge periodicamente en la actualidad internacional, cobrando particular intensidad en momentos cumbre, tales como los referénda de 1980 y 1995 sobre la soberanía de Quebec.

En los últimos treinta años, fuera de Quebec y de Canadá, el proyecto de soberanía ha suscitado muchos interrogantes, lo que no es de extrañar al tratarse de una cuestión de gran importancia política.

Quebec es una sociedad moderna y desarrollada, dotada de recursos considerables. El proyecto de soberanía constituye una vía lógica para proporcionar a sus habitantes, de todos orígenes, el pleno disfrute de esta sociedad. Para la población de Quebec, se trata de forjar un porvenir que esté a la altura de sus aspiraciones, darse los medios para concretar iniciativas propias de creación de empleos, fomentar el auge de su cultura, su lengua y, finalemente, garantizar, tanto a sus jovenes como a sus ancianos, un futuro mejor. Abierto y mancomunador, el proyecto soberanista se cristaliza en el respeto de los demás, la tolerancia y el pacifismo, rechazando la población de antemano todo acceso a la independencia por otra vía que la democrática.

El pueblo quebequense tendrá pronto la ocasión de pronunciarses nuevamente sobre su porvenir, por lo cual se juzga éste el momento oportuno para divulgar lo más ampliamente posible, dentro y fuera de Quebec, los pormenores de este proyecto motivador de una sociedad en marcha hacia un país.

 

1. El Quebec de hoy

1.1 Su población

  • Estado de América del Norte, Quebec es una sociedad moderna y rica. Se considera que su nivel de vida es uno de los más altos del mundo y se le compara muy ventajosamente con el de los países más industrializados.
  • El territorio quebequense tiene una superficie de 1 667 926 km?, o sea tres veces el territorio francés y cinco veces el japonés.
  • Sus siete millones de habitantes pertenecen a grupos lingüisticos y culturales diversos : francófonos, anglófonos, alófonos, e indígenas. La población de origen francés constituye la mayoría (74.4%), y la minoría más importante, la de orígen británico, compone el 4.2 %. Las diversas comunidades étnicas, la de orígen italiano siendo la más numerosa (2.6%), constituyen alrededor de 20% de la población, mientras que los pueblos indígenas cuentan con cerca de 1% de la población.
  • Cerca de 800 000 quebequenses son de habla inglesa y se concentran sobre todo en la región del Gran Montreal. Además de un sistema escolar de habla francesa que atiende a la mayoría , Quebec posee un sistema en inglés (del jardín de infancia hasta la universidad inclusive) para responder a las necesidades de su comunidad anglófona. Por lo demás, los anglófonos de Quebec administran ellos mismos sus instituciones docentes, su red de salud y de servicios sociales y poseen numerosos medios de comunicación en su lengua.
La situación de la minoría anglófona de Quebec es un excelente ejemplo de la protección de los derechos de una minoría lingüística.? Asamblea parlamentaria del Consejo de Europa, documento 7792, 10 de abril de 1997.
  • Quebec tiene alrededor de 67 400 indígenas, 59 600 amerindios y 7 800 inuits, que pertenecen a 11 naciones de gran diversidad cultural, lingüística, de costumbres y de modo de vivir.
  • El 20 de marzo de 1985, Québec, bajo el Parti Québécois entonces en el poder, fué el primer gobierno en Canadá en reconocer la existencia jurídica de las naciones indígenas y el derecho de éstas a la autonomía gubernamental. Las condiciones de vida de los pueblos indígenas en Québec son consideradas superiores a las de los pueblos aborígenes instalados en otras regiones de Canadá.

 

1.2. Sus características políticas, sociales y culturales

1.2.1 El marco político

  • Canadá está formado por diez provincias y dos territorios, siendo Quebec una de estas provincias. En 1867, Canadá se constituyó a raiz del Acta de la América del Norte Británica. Compuesto entonces de cuatro provincias, el nuevo país contaba con dos niveles de gobierno : el federal y el provincial. El número de provincias ha aumentado desde entonces, sin embargo la estructura del país sigue siendo la misma. Cada provincia del Estado federativo canadiense posee su propio parlamento y dicta sus leyes en las competencias que le otorga la Constitución. Fiel a su historia, Canadá adoptó el parlamentarismo de tradición británica.
  • En Quebec, la práctica parlamentaria existe desde 1791, lo que hace de la Asamblea Nacional uno de los más antiguos parlamentos del mundo. La Asamblea Nacional, sede del gobierno quebequense, está integrada por 125 diputados elegidos por sufragio universal con un mandato de cinco años. En la actualidad, están representados tres partidos políticos : el Parti Québecois, el Parti libéral du Québec y la Action démocratique du Québec.
  • Dos cámaras constituyen el Parlamento federal : la Cámara de los Comunes, cuyos miembros son elegidos por sufragio universal, y el Senado, compuesto de miembros designados por el gobierno en el poder y en función de una representatividad provincial. La Cámara de los Comunes está integrada por 301 diputados. De una provincia a otra, el número de diputados varía según la población. La sede del gobierno federal se encuentra en Ottawa, capital de Canadá.

Quebec cuenta con 75 circunscripciones electorales federales. Desde 1990, la población de Quebec tiene la posibilidad de estar representada en el Parlamento federal por un partido soberanista : el Bloc Québécois. El Bloc, como se le llama comunmente, se ha dado como propósito el defender activamente la soberanía y velar por los intereses de la población quebequense. Durante las elecciones, como las del 2 de junio de 1997, el Bloc Québécois sólo presenta canditaturas en las circunscripciones de Quebec.

 

1.2.2 Su sociedad y su cultura

  • En los últimos cien años, Quebec ha logrado un auge sin precedente que lo ha transformado de una sociedad principalmente rural en una sociedad moderna, altamente industrializada, y muy al día en materia de tecnologías de vanguardia.
  • Los profundos cambios y la toma de conciencia colectiva - caracterizada hoy como la época de la Revolución tranquila - llevaron a Quebec a dotarse, a principios de los años sesenta, de todo un conjunto de medidas sociales destinadas a afianzar la seguridad y el bienestar de su población. En esta ola de modernismo, creáronse sistemas de salud y educación de gran calidad asi como instituciones de vocación económica consagradas al desarrollo de Quebec. La nacionalización de la electricidad y la creación de la Caisse de dépôt et de placement du Québec (Caja de depósitos y colocaciones de Quebec) son indiscutiblemente dos de los más bellos logros de esta época.

Animado por una nueva fuerza interior y dotado de una población trabajadora, Quebec ha sabido destacarse en el espacio económico de América del Norte.

Sin embargo, tal desarrollo nunca hizo que la población de Quebec perdiera de vista sus valores intrínsecos : respeto al prójimo, tolerancia y solidaridad.

  • Para los quebequenses, el espíritu de concierto no es un principio novedoso, y la cumbre socio-económica, convocada por el gobierno de Quebec en 1996, ha demostrado que éste se mantiene bien vivo. De hecho, a raiz de una invitación del gobierno del Parti Québécois, protagonistas de medios sociales, económicos, culturales y políticos mancomunaron sus conocimientos, prácticas y voluntad de actuar con el fin de elaborar medidas fomentadoras de la reactivación económica y creadoras de empleos duraderos.
  • De gran vitalidad, la cultura quebequense se ha dado a conocer en todas partes. Enriquecidos por las múltiples raíces de la sociedad que representan, los artistas de Quebec dejan sus marcas no sólo en su tierra, sino tambien en el resto de Canadá y en el extranjero.

 

1.3. Su economía y su comercio internacional

1.3.1 Su economía

  • La economía de Quebec se apoya sobre industrias dinámicas, empresas - grandes y pequeñas - así como sobre trabajadores independientes que conocen bien las tendencias económicas actuales : globalización de los mercados, inversiones en sectores vinculados a la alta tecnología y de valor agregado, así como una producción dirigida a hacer fructificar las ventajas de la cuales goza Quebec en materia de intercambios internacionales. Quebec puede enorgullecerse de poseer una mano de obra altamente cualificada.
  • El nivel de vida de la población quebequense se encuentra entre los más altos del mundo, situándose Quebec en el decimosexto lugar de los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), por el ingreso promedio por habitante el cual, en 1995, se establecía a $ 21 408 y el decimoséptimo lugar por la importancia de su economía.
  • En 1996, el producto interno bruto (PIB) de Quebec era de 175,4 mil millones de dólares, o sea alrederor de 22 % de la producción canadiense total.
  • El Fondo Monetario Internacional (FMI) prevé, para la economía quebequense, una tasa de crecimiento de 2,9 % en 1997-1998, uno de los mejores logros de los países industrializados.
  • Centro internacional de comercio y de finanzas, centro universitario y científico, Montreal es el corazón de la vida económica de Quebec. La región metropolitana cuenta con 3,3 millones de habitantes y más de 5 000 empresas cuya producción manufacturera global representa más de la mitad de toda la producción quebequense. Montreal posee uno de los puertos interiores más importantes del este de América del Norte.
  • No obstante la fuerte concentración de su actividad económica en la región metropolitana, el Estado quebequense vela seriamente por el desarrollo de sus regiones. La gran diversificación económica de las mismas hace que éstas figuren desde hace mucho entre los principales componentes del crecimiento económico.
  • Por desgracia, el desarrollo de Quebec se ve frenado por una tasa de desempleo, elevada y endémica, muy superior a la que afecta al conjunto de Canadá. Varios factores de índole estructural explican parcialmente tal situación. Notemos entre ellos las disparidades persistentes en la estructura de las adjudicaciones de los gastos y de las inversiones del gobierno federal entre las provincias, siendo estas inversiones, en el caso de Quebec, propocionalmente inferiores a la importancia demográfica de Quebec en Canadá.

1.3.2 Su comercio internacional

  • La economía quebequense es una de las más abiertas al mundo. En 1996, las exportaciones de bienes y servicios de Quebec llegaron a los 94,7 mil millones de dólares desglosados de la manera siguiente : 34,5 mil millones de dólares en exportaciones interprovinciales y 60,2 mil millones de dólares en exportaciones internacionales.
  • En 1995, se destacaron, entre los principales sectores económicos, los productos eléctricos y electrónicos (14 %) , los metales transformados (10 %), el papel (9 %), el automóvil (7,1 %) y la maquinaria (6 %).
  • En los últimos años, el gran interés de los inversionistas extranjeros hacia Quebec, se ha traducido por una aportación de 23 mil millones de dólares. De esta suma, la mitad es de orígen estadounidense, mientras que las inversiones europeas constituyen el 38 % y el 13 % procede de Asia y Oceanía.
  • Un Quebec soberano no se marginalizaría, sino que al contrario permanecería siendo un elemento importante en la dinámica de la economía norteamericana. Desde el principio, Quebec ha estado siempre a favor de los intercambios comerciales. ?Porqué cambiaría bajo un Quebec soberano ? Es más, los dirigentes quebequenses desempeñaron un papel substancial en la ratificación del tratado de libre comercio con los Estados Unidos.

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Fuente : Los datos arriba mencionados fueron tomados de Le Québec actuel, documento producido por el ministerio quebequense de Relaciones internacionales.

 

2. Reseña histórica

Los orígenes

En 1534, Jacques Cartier toma por primera vez tierra en las riberas de Quebec. Setenta y cinco años más tarde, en 1608, Samuel de Champlain parte de Honfleur para venir erigir el primer establecimiento permanente de Francia. Es éste el empezar de una historia que, de 1534 a 1760, no deja de hacer y deshacer, al azar de las exploraciones, la colonización y las conquistas, los límites de este nuevo mundo para finalmente abarcar el territorio que va de la Bahía de Hudson, al norte, hasta el Golfo de México, al sur. Las colonias brítanicas, en cuanto a ellas, confinan su desarrollo a la costa oriental del continente.

Al poner fin a la Guerra de los Siete Años entre Francia e Inglaterra, el Tratado de París de 1763 sella la cesión de Nueva-Francia a Inglaterra, y Quebec, tal como lo conocemos hoy, se vuelve colonia británica. La Proclama Real lo rebautizará ?Province of Quebec?, abolirá las instituciones políticas francesas y los habitantes de este territorio verán substituírsele al derecho francés la Common Law británica. Se les impondrá igualmente el juramento del Test, por el cual, para asumir funciones administrativas, un católico deberá renegar de su religión. En esa época, la población de Nueva-Francia es, en su mayoría, católica.

En 1774, por miedo que se propague en las colonias británicas la guerra de independencia americana, Inglaterra modera las leyes impuestas a su colonia francófona. El Acta de Quebec restablece varios de los derechos de la mayoría de habla francesa de la "Province of Quebec" y vuelve a hacer vigentes las leyes civiles francesas además de abolir el juramento del Test.

La llegada masiva de miles de legitimistas - sujetos leales a la Corona británica - que rechazan la independencia de los Estados Unidos, obliga a Inglaterra a modificar sus relaciones con la colonia. Cada vez más numerosos, los habitantes anglófonos no aceptan someterse a una constitución que reconoce el carácter francés del territorio.

El Acta Constitucional de 1791 divide este territorio en dos entidades : el Alto Canadá (hoy Ontario) y el Bajo Canadá (Quebec). El primero agrupa a los anglófonos bajo un régimen de tradición británica, mientras que el segundo reune a los descendientes de orígen francés, los cuales gozan ya de sus propias estructuras. En cada entidad surgen asambleas legislativas propias con representantes democráticamente elegidos, pero que disponen de muy pocos poderes.

 

El nacimiento de Canadá, el surgimiento de Quebec

Esta época se caracteriza por la rápida evolución de las colonias británicas en América.

En 1867, tras una serie de encuentros entre los representantes de los diferentes territorios, futuras primeras cuatro provincias, se proclama el Acta de América del Norte Británica. En varios aspectos, esta constitución cimienta entre los dos pueblos fundadores, ingleses y franceses, un pacto que sella la distribución de poderes entre un Parlamento federal y nuevas legislaturas provinciales en el seno de la nueva confederación canadiense. Los francófonos siguen siendo minoritarios en el Parlamento federal, pero adquieren mayoría en la legislatura provincial.

Desde la entrada en vigencia de la Constitución canadiense, el 1 de julio de 1867, la interpretación de su texto, principalmente en lo que a los poderes y funciones de cada nível de gobierno se refiere, es objeto de incesantes disputas y discusiones.

La primera mitad del siglo XX está marcada por acontecimientos salientes, tales como las Grandes Guerras y la Crísis económica, lo que permite al gobierno federal incrementar las intervenciones directas en la vida cotidiana de la población canadiense. En su mayoría, estos poderes, conquistados en épocas de crisis, no fueron nunca restituídos a las provincias, lo que explica la frecuente ingerencia del gobierno federal en campos que según la Constitución de 1867 caen bajo la jurisdicción provincial.

Uno tras otro, los gobiernos de Quebec han luchado incesantemente por conservar sus campos de competencia y forjar una mayor autonomía. Durante la Revolución Tranquila, acompañando las profundas transformaciones, surge en la población un movimiento soberanista mejor articulado y más estructurado.

En 1968, las fuerzas soberanistas quebequenses se unen en el seno de un nuevo partido político, el Parti Quebecois, encabezado por el popular René Lévesque, antiguo ministro destacado del gobierno liberal de Jean Lesage. En las elecciones provinciales de 1970, el Parti Québécois (PQ) logra hacer elegir a sus primeros diputados en la Asamblea Nacional, convirtiéndose, tres años más tarde, en la Oposición Oficial. Con esta ascensión fulgurante, el PQ se coloca en el corazón mismo de la vida política de Quebec y se vuelve una fuerza ineludible.

El 15 de noviembre de 1976, a raiz de elecciones generales, el Parti Québécois obtiene mayoría de escaños en la Asamblea Nacional y constituye el nuevo gobierno, con René Lévesque como primer ministro de Quebec. En su primer mandato, el Parti Québécois manifiesta un gran espíritu innovador y original al adoptar toda una serie de medidas tan inéditas como vanguardistas, como por ejemplo la Carta de la lengua francesa, la Ley sobre el financiamiento de los partidos políticos, la Ley sobre la protección del territorio agrícola, la Ley sobre las consultas públicas y la Ley sobre el seguro automóvil.

El primer referéndum y la repatriación

El 20 de mayo de 1980, el gobierno del PQ celebra un referéndum sobre la soberanía de Quebec. El preámbulo de la pregunta referendaria enuncia lo siguiente :

" El gobierno de Quebec ha dado a conocer su propuesta de llegar, con el resto de Canadá, a un nuevo acuerdo fundado sobre el principio de la igualdad de los pueblos. Este acuerdo permitirá a Quebec adquirir la facultad exclusiva de dictar sus leyes, percibir sus impuestos y establecer sus relaciones exteriores - lo que constituye su soberanía - y, al mismo tiempo, mantener con Canadá una alianza económica en la cual esté incluído el uso de la misma moneda; no se aportará ningun cambio, a raiz de estas negociaciones, al régimen político sin el acuerdo de la población consultada por vía de otro referéndum."

La pregunta como tal era la siguiente :

" Por consiguiente : ? Otorga usted al gobierno de Quebec el mandato de negociar el acuerdo propuesto entre Quebec y Canada ? SÍ ... NO..."

Se suscita una viva discusión. El gobierno federal presta un apoyo sostenido al campo del NO, y Pierre Elliott Trudeau, primer ministro canadiense en ese entonces, llegá hasta prometer un nuevo federalismo en función de las peticiones de Quebec declarando : "Su NO será un SÍ al cambio".

El día del escrutinio, 40,4 % del electorado vota SÍ, y 59,6% opta por el NO. Con todo y la derrota, el movimiento soberanista observa un fuerte crecimiento del apoyo popular.

Un año más tarde, no obstante el revés sufrido durante el referéndum, que muchos consideran como el golpe de gracia para el Parti Québécois, éste es nuevamente elegido con una fuerte mayoría. El gobierno federal entre tanto prepara el cambio, el cual, como el futuro lo mostrará, nada tiene que ver con las promesas hechas a la población durante el referéndum.

En 1982, a pesar de la oposición de Quebec, firmante de la Constitución de 1867 y uno de los pueblos fundadores, y en contra de la Corte Suprema de Canadá quien opina que el procedimiento de repatriación, por muy legal que sea, carece de legitimidad, el gobierno federal repatría la Constitución del Parlamento de

Londres y le agrega un procedimiento de enmienda. Quebec, aislado e impotente, habiendo rechazado su apelación los tribunales londinense, presencia la modificación de los poderes de su Asamblea Nacional en campos como la cultura, la lengua y la educación, competencias que la Constitución de 1867 otorgaba a las provincias. El nuevo procedimiento de enmienda de la constitución hace que el gobierno federal, con el acuerdo de algunas de las provincias, pero no necesariamente de Quebec, pueda modificar el documento fundamental del país sin que uno de sus pueblos fundadores tenga que pronunciarse al respecto.

A pesar de una resolución casi unánime de los diputados de la Asamblea Nacional de Quebec rechazando el nuevo orden constitucional, la nueva constitución entra en vigor en 1982.

La repatriación forzada de la Constitución constituye, para el Quebec de entonces y de ahora, la ruptura del pacto establecido en 1867 entre los dos pueblos fundadores y cambia en su fundamento la visión que tendrán Quebec y el resto de Canadá de su asociación.

El gobierno federal y las nueve provincias firmantes (todas salvo Quebec) optan por una concepción de Canadá a su conveniencia : una nación bilingüe y multicultural dónde Quebec pierde su estatuto de pueblo fundador y se vuelve una provincia más. A partir de ese momento las cosas nunca volverán a ser las mismas.

El fracaso del lago Meech : una nueva ruptura

En 1984, el señor Brian Mulroney, jefe del Parti Progessiste Conservateur , es elegido primer ministro de Canadá. Durante su campaña electoral, promete la reintegración de Quebec en el ?seno constitucional canadiense con honra y entusiasmo?. En respuesta a tal manifestación de apertura, el señor Robert Bourassa, primer ministro de Quebec y jefe del Parti Libéral elegido en 1985, presenta al resto de Canadá las cinco propuestas siguientes, juzgadas condiciones mínimas e ineluctibles para el reconocimiento de la Constitución de 1983 por Quebec.

1. Reconocimiento de Quebec como sociedad distinta;

2. Derecho de veto sobre todo cambio a la Constitución;

3. Garantías en materia de nombramiento de jueces quebequenses ante la Corte Suprema de Canadá ;

4. Posibilidad por parte de la provincias de retirarse de todo programa federal con plena compensación financiera;

5. Completa responsabilización de Quebec de respecto a la inmigración sobre su territorio.

 

En 1987, estas cinco condiciones se ven plasmadas en el acuerdo del lago Meech, convenio de principio firmado por el primer ministro canadiense y los primer ministros de las diez provincias, incluyendo a Quebec, quienes además se comprometen a hacer ratificar este acuerdo por su legislatura antes del 23 de junio de 1990.

El Convenio suscita vivas oposiciones, particularmente en las provincias anglófonas, dónde se da mala acogida al concepto de "sociedad distinta" enunciado para designar a Quebec. Con el propósito de salvar el acuerdo y ganarse el apoyo de las provincias de Manitoba y Terranova, quienes se desisten de su firma, el gobierno federal intenta reducir el alcance de la cláusula, causa de tal desafección, sin resultado alguno. Esta primera tentativa de conciliar las reivindicaciones de Quebec y las de las otras provincias resulta un fracaso, dada la oposición de aquellas dos provincias.

Este desafortunado fin se acoge en Quebec como un rechazo de parte del resto de Canadá de reconocerle su carácter específico.

El incidente del lago Meech acarrea graves consecuencias para el gobierno federal.. El 22 de mayo de 1990, un mes antes de la muerte del acuerdo, Lucien Bouchard, diputado de la circunscripción de Lac-St-Jean y ministro federal del Medio Ambiente, dimite del Parti Progressiste-Conservateur, en signo de protesta contra la intención de su gobierno de reducir el alcance de la cláusula sobre la sociedad distinta. Otros diputados conservadores de Quebec imitan su gesto constándoles a todos que la única vía que le queda a Quebec es la de la soberanía. Serán ellos los que más tarde fundarán el Bloc Québécois.

El 13 de agosto de 1990, con motivo de elecciones parciales, el Sr. Gilles Duceppe, jefe actual del Bloc Québécois, es elegido diputado de la circunscripción electoral de Laurier/Sainte-Marie y será el primer diputado soberanista elegido al Parlamento Federal.

En julio de 1992, después de varios meses de negociaciones, las provincias y el gobierno federal llegan a un nuevo convenio en materia constitucional : el acuerdo de Charlottetown. Un proyecto que satisface muy poco las peticiones de Quebec, por quedarse muy corto en el cumplimiento de las condiciones mínimas emitidas por el primer ministro Robert Bourassa con motivo del acuerdo del lago Meech. La noción de sociedad distinta se ve debilitada en este nuevo proyecto. El acuerdo se recibe en Quebec con gran escepticismo; la mayoría del pueblo quebequense ve en él una nueva negación de su especificidad.

El 26 de octubre de 1992, el Acuerdo de Charlottetown es sometido, por vía de referéndum, a la aprobación de la población canadiense, un ejercicio pancanadiense de resultado revelador . La mayoría de la población quebequense, 57 %, rechaza el acuerdo porque no encuentra en él nada que satisfazga sus reivindicaciones tradicionales, mientras que en el resto de Canadá, la oposición al acuerdo es de 54 % por considerar que éste hace demasiadas concesiones a Quebec. La segunda ruptura queda desde ese momento sellada.

"Entramos en la federación a fe de una promesa de igualdad en una empresa común y de respeto de nuestra autoridad en varias materias para nosotros vitales.

El desarrollo de los acontecimientos desmintió sin embargo las esperanzas del principio. El Estado canadiense transgredió el pacto federativo invadiendo de mil maneras la esfera de nuestra autonomía y dándonos a entender que nuestra creencia secular en la igualdad de las partes era una ilusión.

Se nos engañó en 1982 cuando los gobiernos de Canadá y de las provincias anglófonas modificaron la Constitución de manera profunda y en detrimento nuestro, haciendo caso omiso de la oposición tajante expresada por nuestra Asamblea Nacional.

Desde entonces, dos veces se ha intentado reparar el daño. En 1990, el fracaso del Acuerdo del lago Meech reveló la negativa de reconocer hasta nuestro carácter distinto. En 1992, el rechazo del Acuerdo de Charlottetown, tanto por los canadienses como por los quebequenses, confirmó la imposibilidad de toda reconciliación."

Extracto del Preámbulo del Proyecto de ley _ 1 sobre el futuro de Quebec 1995

 

El segundo referéndum : soberanía y alianza

El 25 de octubre de 1993, por primera vez los quebequenses eligen una mayoría de diputados soberanistas al Parlamento Federal. El Bloc Québécois, encabezado por Lucien Bouchard, hace elegir a 54 diputados, sea más de 70 % de todos los representantes de Quebec. Partido político llegado en segundo lugar respecto al número de escaños, el Bloc Québécois se convierte en la Oposición Oficial en la Cámara de los Comunes. Hecho histórico, la opción soberanista adquiere una fuerte voz en el espacio federal.

En septiembre de 1994, el Parti Québécois, entonces dirigido por Jacques Parizeau, gana las elecciones y constituye el gobierno en la Asamblea Nacional. Su programa electoral prevé efectuar, durante su mandato, un referéndum sobre la soberanía de Quebec.

Para preparar la realización de esta consulta pública sobre el porvenir de Quebec, el Parti Québécois, el Bloc Québécois y el partido de la Action démocratique du Québec establecen un acuerdo que define las modalidades de la ascensión de Quebec a la soberanía y las reglas que regirán las negociaciones en torno a una alianza a proponer al resto de Canadá. El acuerdo, firmado el 12 de junio de 1995, consolida la asociación de los tres partidos políticos en favor de la opción soberanista.

El 30 de octubre de 1995, la población quebequense vota una segunda vez por su porvenir respondiendo a la siguiente pregunta referendaria :

" Acepta usted que el Quebec se vuelva soberano, después de haber ofrecido formalmente a Canadá, una nueva alianza económica y política, en el marco de un proyecto de ley sobre el futuro de Quebec y del acuerdo firmado el 12 de junio de 1995?"

El apoyo soberanista alcanza un nivel sin precedente, el campo del SÍ está a punto de salir victorioso con 49,4 % de los votos en favor del SÍ y 50,6 % en favor del NO, con una participación sin precedente del electorado de 93 %.

Inmediatamente después del referérendum, las posiciones se endurecen principalmente en el campo federalista. De un lado, la opinión pública canadiense insta al gobierno federal a reaccionar a tan reñidos resultados. Del otro, el gobierno federal de Jean Chretien establece una serie de acciones en vistas de rendir más díficil la ejecución de otro referéndum. La vía tomada es clara : a falta de poder convencer a la población quebequense de los méritos de la federación canadiense, el gobierno federal procura impedirle que salga de ella.

El 2 de junio de 1997, en un clima de afrentamiento, el gobierno federal convoca a elecciones generales. El Bloc Québécois gana de nuevo una mayoría de escaños en Quebec al elegir 44 diputados.

 

Nuevo intento de reconciliación, nuevo bloqueo

El 14 de septiembre de 1997, los premiers de las nueve provincias anglófonas (en la ausencia de Quebec) inician un nuevo intento de acercamiento. Cabe constar que la Declaración de Calgary, producto de las negociaciones preliminares, se queda muy corta en el reconocimiento de las condiciones minímas pedidas por Quebec, al parecer mismo de los federalistas quebequenses. Simple enunciado de principios, la Declaración rechaza definitivamente el concepto ya muy menguado de sociedad distinta para substituirlo por una vaga noción de ?caracter único? y que, por lo demás, subordina Quebec al dogma canadiense de igualdad de las provincias. La naturaleza única no debe conferir ningún poder a Quebec, sin atribuirle el mismo a las otras provincias. Finalmente, en los términos de la Constitución canadiense, este nuevo "caracter único" no posee ningún valor interpretativo.

En vísperas del siglo XXI, el pueblo quebequense se encuentra ante una encrucijada. Tras los repetidos fracasos de los intentos de renovación del federalismo canadiense, la población quebequense dispone de sólo dos verdaderas opciones : el estado actual de cosas, es decir, Canadá tal como es, insensible a sus aspiraciones legítimas e históricas, o una vía del porvenir : la de la soberanía.

 

3. Las aspiraciones legítimas de Quebec a la plena soberanía

Tres décadas llevan los quebequenses reflexionando sobre su porvenir, sobre lo que quisieran ser y, ante todo, sobre la vía que los lleve a realizarse plenamente. Independientement de sus opiniones políticas, todos los quebequenses sienten un verdadero apego hacia Quebec. Para muchos, Quebec representa la tierra de sus antepasados o la tierra de adopción; para todos es ésta la tierra en la que decidieron echar sus raíces, es su lugar de expresión y de vida económica, social y cultural.

Quebec no es ni una provincia como las otras, ni una región. Es la patria que legaron los ascendientes de Francia y de otros rincones del mundo, enriquecida de influencias múltiples que hacen de ella un Estado distinto.

Sin pretender ser mejor que los canadienses, de la misma manera que éstos no pretenden ser superiores a los estadounidenses con los que tienes diferencias manifiestas a pesar de un idioma común, el pueblo quebequense asevera ser diferente de los canadienses del resto del país, al no compartir, por lo demás, ni idioma, ni cultura, ni siquiera las mismas visiones sociales y económicas.

El patrimonio cultural de Quebec está arraigado en la multitud de culturas que se expresan en su territorio; las influencias indígena, francesa, inglesa y de todas las comunidades de más reciente establecimiento se manifiestan en todas las facetas de la vida cotidiana y han hecho que los quebequenses se hayan forjado una personalidad propria en tierra americana.

De profundo apego y respeto hacia la libertad y la igualdad, el pueblo quebequense es tolerante, pacífico y solidario de los otros habitantes del planeta.

El interés manifiesto por el mundo de los quebequenses los lleva a comerciar, claro, con sus vecinos cercanos, pero tambien a hacer valer sus competencias en el espacio internacional, y a impregnarse con gusto de nuevas corrientes, animados por una pasión permanente por las ideas y tendencias novedosas.

Quebec anhela poseer, en toda legitimidad, todas los instrumentos que le permitan desarrollar su economía, propagar su cultura y afirmarse como el único pueblo mayoritariamente francófono de América del Norte. Para ello, requiere los instrumentos fundamentales a todo pueblo, o sea la facultad de percibir todos sus impuestos, diseñar sus propias leyes y ultimar todos sus tratados. En resumén, necesita su soberanía.

En su forma actual, la federación canadiense no sólo es incapaz de satisfacer las aspiraciones políticas de los quebequenses, sino que está entorpeciendo el desarrollo económico de Quebec. La voluntad del gobierno federal de intervenir, sin el consentimiento de Quebec, en los campos de su competencia , crea un gran desequilibrio. El poder presupuestal que detiene el gobierno federal le permite imponer su visión social y política a las provincias, particularmente a Quebec, en sectores cruciales como son la salud y la educación, sectores que se encuentran bajo jurisdicción provincial. Los quebequenses quieren poder hacer las cosas de manera diferente.

El proyecto soberanista endereza la situación de dos maneras: permite a Quebec darse los medios para realizar sus ambiciones - frecuentemente contrarias a aquellas, sumamente centralizadoras, del gobierno federal - y permite reconstituir sus relaciones con Canadá considerando las necesidades de cada una de las partes.

El proyecto de soberanía se apoya sobre un ofrecimiento de alianza con el Canadá. Las relaciones económicas entre Quebec y Canadá son numerosas y benéficas para ambos. El ofrecimiento de una tal relación tiene cuenta de tal realidad y propone generosamente a Canadá mantener los lazos económicos, mejorar las condiciones de libre comercio para permitir el libre movimiento de bienes, servicios, capitales y personas, y compartir una moneda común.

La alianza se vería tambien como un lugar de intercambios políticos, donde Quebec y Canadá discutirían de igual a igual, de Estado soberano a Estado soberano.

Los partidarios de la soberanía prestan oído atento a los interrogantes que expresan los miembros de la comunidad angloparlante, y ven en la alianza con Canadá una manera de velar por que esta comunidad mantenga, en un marco distinto, sus lazos con Canadá. Se propone por lo demás que todo ciudadano de Quebec mantenga la ciudadanía canadiense, si, evidentemente, Canadá así lo desea.

La soberanía constituye la prolongación de la historia de Quebec. Desde años, los obstáculos canadienses y la imposición de una constitución bloquean la búsqueda del pleno desarrollo de Quebec en el ámbito internacional.

Orgulloso de su cultura francófona, de su democracia viva y de la diversidad de sus comunidades, el pueblo quebequense desea asumir su papel en el concierto de las naciones.

Porque hemos perdurado a pesar del trato y las negociaciones de las que hemos sido objeto;

Porque Canadá, en vez de enorgullecerse de la alianza entre sus dos pueblos y pregonarla ante el mundo, no ha cesado de banalizarla y de consagrar el principio de una igualdad ficticia entre provincias;

Porque desde la Revolución Tranquila, hemos optado por dejar de limitarnos a la sobrevivencia para activamente construir sobre nuestra diferencia;

Porque estamos profundamente convencidos que persistir dentro de Canadá significaría menoscabarnos y desvirtuar nuestra identidad misma;

Porque el respeto que nos debemos debe guíar nuestros actos;

Nosotros, pueblo de Quebec, aseveramos nuestra voluntad de estar en posesión de la plenitud de los poderes de Estado : votar todas nuestras leyes, percibir todos nuestros impuestos, firmar todos nuestros tratados y ejercer la competencia máxima, la de diseñar y tener el dominio exclusivo de nuestra ley fundamental.

Extracto del Preámbulo del Proyecto de ley _ 1 sobre el porvenir del Quebec, 1995

 

4. Proceso democrático : el pueblo de Quebec, dueño de su destino

La ascensión de Quebec a la soberanía se logrará por la expresión democrática de la voluntad exclusiva del pueblo quebequense. El ascender Quebec al estatuto de Estado es, para los partidarios de esta vía, una cuestión de orden político, ya que sólo el pueblo quebequense está facultado a escoger el camino hacia el futuro que juzgue preferible. Medio de expresión popular democrático y pacífico, el referéndum constituye el procedimiento idóneo para el ejercicio de la libre elección. A esta conclusión llegaron las autoridades quebequenses en dos ocasiones ya, en mayo de 1980 y en octubre de 1995. En ambos caso, la tasa de participación de la población fué muy alta.

Existe además un consenso entre la mayoría de los líderes de opinión quebequenses, incluyendo los del campo federalista, en lo que a las condiciones de ascensión de Quebec a su plena soberanía se refiere. Tres principios fundamentales cimientan dicho consenso :

1. El derecho del pueblo quebequense a disponer de su porvenir;

2. El respeto de las reglas democráticas reconocidas por la comunidad internacional;

3. La protección de la integridad del territorio quebequense.

 

La población quebequense considera unánimamente que la ascensión a la soberanía se efectuará en el respeto de los derechos de la ciudadanía, independientemente de su origen o su idioma. Así mismo, las naciones indígenas pueden tener la certeza que mantendrán el derecho de gobernarse sobre las tierras que les pertenecen, en el respeto de la integridad territorial de Quebec.

En un Quebec soberano, las leyes y los reglamentos federales aplicados anteriormente sobre el territorio quebequense permanecerán vigentes hasta que la Asamblea Nacional los ratifique, enmiende o abrogue.

Un Quebec soberano conserva sus fronteras actuales, las cuales no pueden modificarse sin el acuerdo de la Asamblea Nacional.. En virtud del derecho internacional, un país que asciende a la soberanía conserva intactas sus fronteras anteriores. Quebec se acogerá a este regla.

 

5- La legitimidad del procedimiento referendario

La voluntad democrática de la mayoría de los quebequenses, es decir 50 % más uno, expresada en un referéndum, es lo que determinará el futuro de Quebec. Todo referéndum debe efectuarse en función de la Ley sobre la consulta popular, aprobada por la Asamblea Nacional.

Por su participación activa en los debates referendarios de 1980 y 1995, el gobierno federal ha aceptado las reglas enunciadas en esta ley. Difícil sería para dicho gobierno el pretender poder modificarlas.

En el trancurso de los últimos años, tres referenda en Quebec (1980, 1992 y 1995), un referéndum canadiense (1992), dos referenda en Terranova (provincia oriental canadiense) (1996 y 1997), así como la mayoría de los referenda organizados en otros países sobre temas de fundamental importancia se han llevado a cabo sobre el principio de la mayoría simple, o sea 50 % de los votos expresados más uno.

Ciertos ejemplos, particularmente en Europa en el caso del Tratado de Maastricht, confirman la validez del principio de la mayoría simple. En países como Francia, Dinamarca y Noruega los resultados fueron sumamente reñidos, sin embargo nadie puso en duda el valor de la regla de la mayoría simple, y la voluntad expresada se respetó en todos los casos.

La Constitución canadiense no contiene ninguna disposición que defina las condiciones necesarias para la acscensión de una provincia a la soberanía. No lo prohibe, ni tampoco establece las modalidades para ello. El tema de la legalidad se plantearía únicamente en el ámbito internacional. La ascensión de Quebec a la soberanía sería considerada un hecho dado y obtendría el asentimiento de los miembros de la comunidad internacional, en la medida que ésta juzgue que la decisión del pueblo quebequense se tomó democráticamente. El nuevo Estado en un Quebec soberano aplicaría los criterios generalmente aceptados : fronteras bien definidas; estructuras gubernametnales bien establecidas y tradición de respeto de los derechos y libertades de la persona, incluyendo los de las naciones indígenas y de la comunidad anglófona.

 

6. El Quebec soberano

6.1 Definición

La soberanía de Quebec es un proyecto concreto y meditado. La Comisión sobre el porvenir político y constitucional de Quebec (la llamada Comisión Bélanger-Campeau) la define de la siguiente manera :

"La plena soberanía política se traduciría, para Quebec, en la facultad exclusiva de sus instituciones democráticas en dictar leyes y percibir impuestos sobre el territorio quebequense, y en la capacidad para actuar directamente en el campo internacional con miras a ultimar todo tipo de tratados o acuerdos con otros Estados independientes y participar en las diversas organizaciones internacionales."

 

6.2 El respeto de los derechos y libertades

Soberano, Quebec permanecerá siendo una sociedad democrática y respetuosa de los derechos y libertades de la persona.

En 1975, siete años antes que el Parlamento Federal, la Asamblea Nacional aprobó la Carta Quebequense de Derechos y Libertades de la Persona, la cual garantiza, a la población de Quebec, tanto derechos civiles y políticos como económico y sociales.

"El respeto de la dignidad de las mujeres, de los hombres y de los niños, así como el reconocimiento de sus derechos y libertades constituyen el fundamento de nuestra sociedad. Nos comprometemos a garantizar los derechos civiles y políticos de las personas, en particular el derecho a la justicia, el derecho a la igualdad y el derecho a la libertad."

Extracto del Preámbulo del Proyecto de ley ? 1 sobre el porvenir de Quebec, 1995

 

6.3 El respeto de los derechos de los angloparlantes

Un Quebec soberano fomentará y protegerá su carácter francés. Asumirá sin embargo sus obligaciones hacia los miembros de la comunidad angloparlante, quienes continuarán a disfrutar de sus derechos actuales.

El Estado quebequense seguirá reconociendo la contribución y el papel histórico de su población de expresión inglesa al auge y la evolución de Quebec.

Mantendrá en particular el derecho de los angloparlantes de estudiar en su idioma, de dirigir sus escuelas, de recibir atención médica y dirigirse a los tribunales en inglés, así como el derecho de expresarse en inglés en la Asamblea Nacional.

" La nueva constitución garantizará a la comunidad anglófona la preservación de su identidad y de sus instituciones."

Extracto del Preámbulo del Proyecto de ley ? 1 sobre el porvenir de Quebec, 1995

 

6.4 El respeto de los derechos de las naciones indígenas

En un Quebec soberano, los derechos de las naciones indígenas serán constitucionales, y a la par de la comunidad angloparlante, se invitará a estas naciones a participar en la elaboración de la Constitución.

El gobierno de Quebec se ha comprometido a hacer suyas las obligaciones contraídas por el gobierno canadiense hacia las naciones indígenas.

Los gobiernos autónomos indígenas podrán, en un Quebec soberano, asegurar el desarrollo económico, social y cultural des las colectividades que así lo deseen.

" (la Constitución de Quebec) Reconocerá igualmente a las naciones indígenas el derecho de gobernarse sobre las tierras de pertenencia propia y de participar en el desarrollo de Quebec; serán reconocidos, además, los derechos constitucionales de las naciones indígenas. Tales garantías y reconocimientos deberán ejercerse en el respeto de la integridad del territorio quebequense."

Extracto del Preámbulo del Proyecto de ley ? 1 sobre el porvenir de Quebec, 1995

 

6.5 Una alianza económica y monetaria

Quebec es un importante socio comercial para varias provincias canadienses. Las compras de bienes y servicios en Ontario, por ejemplo, atañen 25,5 mil millones de dólares, y son de 2,9 mil millones en las provincias del Atlántico.

En 1996, Quebec le compró a Canadá bienes y servicios de un valor de 35 mil millones de dólares. Por otra parte, las provincias canadienses venden una gran parte de su producción en el mercado quebequense. Los empleos de miles de canadienses dependen de las compras de Quebec y, recíprocamente, un número substancial de empleos en Quebec dependen de las compras de las provincias canadienses.

Es obvio que Quebec y Canadá tienen un interés común en mantener e incrementar, después de la soberanía, sus intercambios comerciales por vía de una unión económica y monetaria.

El proyecto soberanista, contrariamente a la opinión de muchos, no se inscribe en una acción dirigida contra Canadá. Inmediatamente después de un referéndum favorable a la soberanía, las autoridades quebequenses propondrán a sus homólogos canadienses una alianza económica y una unión monetaria, y emprenderán negociaciones con tal fin. Quebec favorecerá la creación de lazos políticos nuevos y permanentes con sus vecinos con el propósito de un buen manejo de sus intereses comunes.

El gobierno de un Quebec soberano deseará instaurar con sus vecinos canadienses una alianza exenta de fricciones y provechosa para todas las partes.

Una vez soberano, Quebec está resuelto a respetar sus obligaciones financieras tomadas en su nombre por el gobierno canadiense ante sus acreedores canadienses e internacionales.

Un Quebec soberano favorecerá el establecimiento de un espacio económico de libre circulación de bienes, servicios, capitales y personas.

El Quebec soberano conservará el dólar canadiense y propondrá al Canadá el mantenimineto de una política arancelaria común, y buscará igualmente el establecimiento de tarifas de aduanas comunes.

 

6.6 La política extranjera

En cuanto ascienda a la soberanía, Quebec tomará ,rápida y plenamente, su sitio en el seno de la comunidad de las naciones y disfrutará, en esta calidad, de los derechos y privilegios reconocidos a los Estados soberanos, y asumirá sus deberes y obligaciones. Quebec está, por consecuente, resuelto a respetar los tratados a los cuales participa Canadá, de la misma manera que honrará los acuerdos internacionales que el mismo haya ultimado.

Ardiente defensor de los derechos y las libertades de la persona, tanto en sus relaciones políticas como comerciales, Quebec vehiculará su visión del mundo en su actuación internacional. Sus relaciones internacionales buscarán fomentar la cooperación de la acción humanitaria, la tolerancia y la paz.

En esta óptica, Quebec honrará la Declaración universal de los derechos humanos y formará parte de los diversos instrumentos internacionales de protección y promoción de los derechos y libertades.

Consciente de las desigualdades entre los países, de una parte, y de su situaciuón privilegiada de la otra, Quebec asumirá sus obligaciones en materia de cooperación internacional, apoyando las organizaciones no gubernamentales internacionales dedicadas al mejoramiento de las condiciones de vida de los habitantes de los países menos provistos que él.

En su calidad de gobierno partícipe de la francofonía, Quebec continuará a obrar por el establecimiento de un espacio francófono internacional. Para ello, prestará naturalmente su ayuda a los otros miembros de la francofonía, siempre respetando la diversidad de idiomas y culturas del mundo entero.

Investido de sus nuevos poderes de Estado soberano y respetuoso de las reglas del derecho internacional Quebec participará activamente en los grandes organismos internacionales. Solicitará pues su admisión a la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y a otros organismos, instituciones y conferencias de su competencia. Además de su integración a la ONU y a sus organismos, Quebec adherirá a otros organismos como la Organización Mundial del Comercio (OMC), la Organización de cooperación y de desarrollo económicos (OCDE) y la Organización de Estados Americanos (OEA). Seguirá además formando parte del Commonwealth.

En materia de defensa, Quebec se dedicará a encontrar soluciones pacíficas a los conflictos, bajo la égida de las Naciones Unidas. Tal como ya lo hace en el seno de Canadá, un Quebec soberano apoyará el envío de tropas quebequenses al extranjero en operaciones encargadas de mantener la paz organizadas por la ONU. Solidario de sus vecinos y aliados, Quebec respetará las alianzas de defensa de las cuales Canadá es miembro.

En lo que al comercio se refiere, Quebec se mantendrá decididamente librecambista, permaneciendo así leal al movimiento de integración que resultó de la Cumbre de las Américas y que debe llevar al establecimiento, para el año 2005 a más tardar, de una zona de libre comercio a escala continental. Soberano, Quebec seguirá subscribiendo el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) y otros acuerdos de la misma índole, y continuará la liberalización de su economía y el fomento de la globalización de los intercambios comerciales.

Para lograr sus objetivos en el plano internacional y asegurarse buenas relaciones con la comunidad internacional, Quebec ampliará su ya existente representación en el extranjero.

(Veáse adendo)

 

Conclusión

Quebec... forjando un país

La historia canadiense y quebequense, cargada de malentendidos y discusiones estériles, de fracasos repetidos en las tentativas de reintegración de Quebec en el seno de la federación, ha demostrado cuan distintas e irreconciliables son las visiones que tienen las diversas partes de Canadá sobre el porvenir del conjunto federativo canadiense. La reciente Declaración de Calgary constituye una prueba más de la brecha que separa Quebec del resto de Canadá.

Gran número de quebequenses han llegado por consiguiente a la misma conclusión : sólo la soberanía de Quebec les permitirá realizar sus aspiraciones legítimas. El pueblo quebequense desea tener en sus manos todos los poderes para estar en condiciones de elegir sus orientaciones económicas, sociales y culturales. La protección de la lengua francesa constituye una prioridad para Quebec.

La evolución del movimiento soberanista hace más reales estas aspiraciones. Entre el referéndum de 1980 y el de 1995, la opción soberanista no ha cesado de ganar terreno, arraigándose cada vez más en la conciencia colectiva de Quebec.

El proyecto soberanista no es portador de resentimiento hacia Canadá. Al contrario, constituye, para la población quebequense, una acción mancomunadora y portadora de nuevas vías de desarrollo. La soberanía es una respuesta global al anhelo del pueblo quebequense de ser dueño de su porvenir.

Componente importante del proyecto soberanista, el ofrecimiento de una alianza económica y de una unión monetaria, que Quebec propondrá a Canadá después de su ascensión a la soberanía, atestigua de manera elocuente la voluntad sincera que tiene Quebec de conservar lazos privilegiados con Canadá, teniendo al mismo tiempo la posibilidad de establecer sus propias prioridades, acciones e intervenciones en todos los ámbitos.

Los quebequenses serán proximamente convocados a tomar una decisión crucial sobre el futuro de este proyecto, con motivo de las elecciones que se efectuarán próximamente en Quebec. Un segundo mandato para el Parti Québécois llevará a un nuevo referéndum sobre la soberanía de Quebec, según las reglas democráticas establecidas.

Como en los dos anteriores, el referéndum sobre la soberanía de Quebec se regirá por un procedimiento democrático claro, definido por la Asamblea Nacional de Quebec. El pueblo quebequense ha demostrado repetidamente su respeto hacia la democracia y está resuelto a continuar por esa vía.

El pueblo de Quebec tiene todas las razones para regocijarse de la llegada del nuevo siglo, siendo éste una ocasión única para manifestar su voluntad de aspirar a nuevos horizontes y de decir SÍ a la creación de su país.

La soberanía de Quebec se efectuará en un espíritu pacífico y democrático. La comunidad internacional puede sentirse tranquila, un Quebec soberano será un socio responsable. Sus principios fundamentales, la democracia y la justicia, seguirán dictando sus acciones.

Estado soberano, Quebec seguirá manteniendo sus puertas al mundo tan abiertas como las tiene actualmente, y podrá al fin tratar a sus socios, tanto canadienses como extranjerso, de igual a igual, y ultimar, en función de sus necesidades, los acuerdos que juzgará provechosos.

La soberanía de Quebec permitirá que los quebequenses se desarrollen plenamente como pueblo, que sean al fin dueños de su destino y protagonistas de pleno derecho en el seno de la comunidad internacional.

En el correr de los años, númerosos han sido los obstáculos y los retos. Dotado de instrumentos propios, el pueblo quebequense no teme asumir su destino, y confiando en sus medios, está listo para entrar por la puerta principal, la de la democracia, en el concierto de las naciones.

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